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The Reformation Herald Online Edition

YENDO POR TODO EL MUNDO

Sábado, 6 de diciembre de 2025
JUNTO A LA CHIMENEA
MIGUEL MENDOZA — AUSTRALIA

«Nuestros hogares deben convertirse en Betel y nuestros corazones en un santuario. Donde sea que el amor de Dios se atesore en el alma, habrá paz, habrá luz y gozo. Jesús quiere ver matrimonios felices, hogares felices».1

En el contexto estadounidense del siglo XIX, el hogar (la chimenea) era un elemento esencial de la vida familiar, especialmente en una época que no existía calefacción moderna ni electricidad. Junto a la chimenea era donde las familias se reunían para recibir calor, luz y conectarse entre ellos. La hermana Elena usa la expresión “junto al hogar” (chimenea) para darle énfasis al compromiso personal, espiritual y de relación en un entorno que su audiencia pudiera reconocer instantáneamente como familiar y significativo. Igual que ella, podríamos decir que “junto a la chimenea” no solo es un lugar físico, sino un símbolo de acercamiento, confianza y la oportunidad para ejercer influencia a través de la instrucción de los miembros del hogar, para que vivan a la luz que Dios le ha dado a su pueblo y la compartan con el mundo entero. Ahora, teniendo esto en cuenta, consideremos nuestro tema para hoy y aprendamos de las varias lecciones que podemos obtener de la palabra de Dios y de la pluma inspirada.

En la niñez

Durante mi niñez, aun cuando mi lugar de origen era frío la mayor parte del tiempo, no teníamos una chimenea. Pero recuerdo que nuestro hogar era un lugar donde nos podíamos reunir como si estuviéramos “junto a la chimenea” durante los cultos y otras ocasiones, y así tener momentos de alabanza hacia nuestro Señor y estudiando su palabra. Mi mamá nos compartía importantes lecciones de vida que las recuerdo aún con amor. Ella seguía la instrucción de Proverbios 22:6: «Instruye al niño en el camino en que debe andar; y aun cuando fuere viejo no se apartará de él». Con certeza puedo ver en mi propia experiencia que esas lecciones fueron muy importantes para ayudarme a tomar decisiones que determinarían si yo seguiría al Señor o no. Agradezco al Señor por su palabra y las promesas que hay en ella.

«En la niñez y la juventud es cuando el carácter es más impresionable. Entonces es cuando debe adquirirse la facultad del dominio propio. En el hogar y la familia, se ejercen influencias cuyos resultados son tan duraderos como la eternidad. Más que cualquier dote natural, los hábitos formados en los primeros años deciden si un hombre vencerá o será vencido en la batalla de la vida».2

Abrahán y Sara

Escuchamos acerca de Abrahán, su fe, sus fallas, pero también del trabajo que hizo con los suyos en su casa, y eso incluye a las personas que trabajan para él, sus siervos. …l recibió la promesa de Dios: «Y bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré: y serán benditas en ti todas las familias de la tierra». (Génesis 12:3). ¿Por qué todas las familias de la tierra serían bendecidas por medio de él? Debido a su conexión con Cristo, Abrahán dejó un ejemplo de obediencia a la voz de Dios, lo leemos en Génesis 26:5: «por cuanto oyó Abraham mi voz, y guardó mi precepto, mis mandamientos, mis estatutos y mis leyes». No solo eso, sino que iba a enseñar e instruir a su familia en los caminos del Señor, quien también testificó: “Porque yo lo conozco, sé que mandará a sus hijos y a su casa después de sí, que guarden el camino de Jehová, haciendo justicia y juicio, para que Jehová haga venir sobre Abraham lo que ha hablado acerca de él». (Génesis 18:19). Pero no estaba solo en esta misión: Sarah, su esposa, estaba con él y ambos hicieron un excelente trabajo “junto a la chimenea”, porque ellos instruyeron cuidadosamente a todos en su hogar a medida que peregrinaban hacia la tierra prometida. «Entre los que le acompañaban muchos eran guiados por motivos más altos que el interés propio. Mientras estuvieron en Harán, Abraham y Sara los habían inducido a adorar y servir al Dios verdadero. Estos se agregaron a la familia del patriarca, y le acompañaron a la tierra prometida».3 A partir de la experiencia de Abrahán y Sara que trabajaron juntos para el Reino de Dios, es muy evidente que tanto el padre como la madre cumplen una función importante en la educación de los miembros de su hogar en los caminos del Señor.

Padres y familias

Durante mi ministerio y en diferentes oportunidades, mientras he visitado familias también he pasado momentos con ellos “junto a la chimenea”. Es hermoso observar la diligencia y el esfuerzo que los padres hacen para tener este importante tiempo como familia. Es una bendición orar, cantar y leer juntos, apartar un tiempo específico para adorar juntos al Señor y tener conversaciones profundas acerca de cosas espirituales. Así, están cumpliendo con su deber para alzar el estandarte ensangrentado de Enmanuel contra los dardos del enemigo. Es importante recordar que la familia es el mejor campo misionero.

«Los padres deberían hablarle a sus pequeños acerca de Jesús y del plan de salvación. Deberían entretejer preciosas lecciones de la vida y del carácter de Cristo en las mentes de sus niños para que puedan seguirlo y ser herederos de la vida eterna. Se habla mucho del trabajo misionero en el extranjero, pero se descuida el trabajo en el hogar. El campo de misión más grande está justo en el hogar y la gran necesidad es de los padres y madres en Israel. Cuando comiencen a dar cuenta de la gran responsabilidad que yace sobre ellos, tomarán este trabajo misionero y entrenarán a sus hijos para el Cielo. Les enseñarán a sus pequeños línea sobre línea y precepto sobre precepto».4 Nuestro trabajo para Cristo comienza con la familia en el hogar. La educación de la juventud debe ser de otra manera diferente a la que hemos hecho en el pasado. El bienestar de ellos demanda mucho más trabajo de la que se les ha dado. No hay un campo misionero más importante que este. Por precepto y ejemplo, los padres deben enseñarles a sus hijos a trabajar por los incrédulos. Sus hijos deben recibir una educación tal que simpatizarán con el anciano y afligido, y también los incentivará a aliviar el sufrimiento del pobre y el afligido. Se les debería capacitar para que sean diligentes en el trabajo misionero, y desde los tiernos años aprender a ser abnegados y tener noción del sacrificio que se debe hacer por el bien de los demás. Se les debería inculcar el amor por el avance de la causa de Cristo para que puedan ser obreros juntos con Dios.

«Pero si han de saber alguna vez hacer obra misionera verdadera para los demás, deben aprender primero a trabajar por los de su casa y saber que tienen derecho natural a su servicio de amor. Cada niño debe ser enseñado a cumplir su parte en los trabajos propios del hogar. Nunca debiera avergonzarse de emplear las manos para aliviar las cargas en la casa, o los pies para hacer diligencias. Mientras esté así ocupado no se aventurará por sendas de negligencia y pecado. ¡Cuántas horas que los niños y los jóvenes despilfarran podrían dedicarlas a llevar sobre sus fuertes hombros parte de las responsabilidades de la familia, que alguien debe llevar a cabo! Manifestarían así un amante interés en sus padres. Debe también arraigárselos en los principios de la reforma pro salud y el cuidado de su cuerpo».5

Pero, «muchos han descuidado vergonzosamente el campo del hogar, y es tiempo de que se presenten recursos y remedios divinos para corregir este mal ¿Qué excusas pueden presentar los que profesan seguir a Cristo por no enseñar a sus hijos a trabajar por él?».6

Queridos padres, puesto que nosotros vemos los males del mundo que aumentan constantemente, nuestros niños y jóvenes necesitan un cuidado especial en el hogar. “El maligno gigante de la intemperancia está haciendo un trabajo funesto en nuestro territorio. Satanás tiene sus agentes en todas partes y son sus instrumentos para seducir y arruinar a nuestros hijos. ¿No se debería escuchar la voz de advertencia en nuestro hogar? ¿No deberíamos, por precepto y ejemplo, guiar a nuestros jóvenes a aspirar a obtener grandes logros, tener objetivos nobles y propósitos santos? Este trabajo no es superficial o ínfimo; es uno que dará la recompensa. Un joven que se le haya instruido con la enseñanza correcta del hogar tendrá pilares sólidos en la edificación de su carácter, y por su ejemplo y vida, si utiliza estas capacidades de la manera correcta, será un poder en nuestro mundo para liderar hacia adelante y hacia arriba a otros en el camino de la justicia. La salvación de un alma es la salvación de muchas más».7

Obreros del evangelio

En el libro El evangelismo, por ejemplo, la mensajera del Señor hace el siguiente llamado: «A todos los que trabajan con Cristo quiero decir: Cuandoquiera que podáis encontrar acceso a la gente en su hogar, aprovechad la oportunidad. Tomad vuestra Biblia, y abrid ante las personas sus grandes verdades».8 Aquí, en el trabajo para el Señor, se nos urge a encontrar la gente donde está cómoda: en sus casas, y usar ese espacio íntimo para compartir la fe. El entorno hogareño encamina a una interacción relajada y personal, a diferencia de los sermones formales o debates públicos. Se debe fomentar una conversación cordial y sincera para proclamar el mensaje de Dios y que se adapte a un énfasis más amplio de un cristianismo práctico y ministerio personal.

Otro llamado importante para quienes participamos en el ministerio y en el trabajo de evangelización: «Hermanos míos en el ministerio, abrid vuestras puertas a los jóvenes que están expuestos a la tentación. Acercaos a ellos por esfuerzos personales. El mal los invita por todos lados. Tratad de interesarlos en aquello que les ayude a vivir la vida superior. No os mantengáis alejados de ellos. Traedlos a vuestro hogar; invitadlos a unirse a vosotros alrededor del altar de la familia. Recordemos el derecho que Dios tiene sobre nosotros en cuanto a hacer hermosa y atrayente la senda al cielo».9

«Vi que los ministros que trabajan mediante la palabra y la doctrina tienen una importante obra ante sí, y una pesada responsabilidad descansa sobre ellos. En su trabajo no llegan suficientemente cerca de los corazones. Su trabajo es demasiado general y con frecuencia muy disperso. Deben concentrar sus esfuerzos en las personas por quienes están trabajando. Su predicación desde el púlpito es tan sólo el comienzo de su trabajo. A continuación, deben vivir lo que predican, teniendo cuidado de nunca acarrear oprobio sobre la causa de Dios. Debieran ilustrar mediante el ejemplo la vida de Cristo. En 1 Corintios 3:9 leemos: “Porque nosotros somos colaboradores de Dios”. 2 Corintios 6:1 dice: “Así, pues, nosotros, como colaboradores suyos, os exhortamos también a que no recibáis en vano la gracia de Dios”. La obra del ministro no queda terminada cuando desciende del púlpito. No debiera entonces desentenderse de su ministerio y ocupar la mente en leer o escribir, a menos que ello sea indispensable. Debiera, en cambio, continuar su ministerio público por medio de esfuerzos realizados en privado, trabajando personalmente por la gente toda vez que se presente la oportunidad, conversando en los hogares, instando y suplicando a la gente en el lugar de Cristo para que se reconcilien con Dios. Pronto concluirá nuestra obra en el mundo, y entonces “cada uno recibirá su recompensa conforme a su labor”».10

«Este es el esfuerzo del hogar, este trabajo en casa, al que se acompaña con un éxito notable. Hermanos en el ministerio: inténtenlo. A algunos ministros no les gusta este tipo de trabajo, lo rehúyen. Existe una cruz vinculada con dichos esfuerzos personales, pero es la que la gente debe tener si han de abrazar una verdad nada popular. En este contacto íntimo con las almas que están en las tinieblas, nuestra luz podría brillar más efectiva y directamente sobre las tinieblas. Ellas verán nuestra conducta, conversación, nuestros modales solemnes, pero a la vez alegres y corteses, de que la gracia de Dios está con nosotros y que la paz del cielo ha llegado a sus hogares. Se sentirán atraídos por la verdad que conlleva tan benditos resultados».11

La siguiente cita es parte de las observaciones que se dirigieron a los ministros reunidos en la Conferencia General que se realizó en Battle Creek, Míchigan, en la mañana del 9 de noviembre de 1883: «¡Qué sagrada verdad nos ha confiado Dios en hacernos sus siervos para colaborar en la misión de salvar almas! Nos ha entregado las grandes verdades, un mensaje sumamente solemne y de prueba para el mundo. Nuestro deber no solo es de predicar, sino de ministrar, de acercarnos a los corazones, dedicar esfuerzos personales junto al calor del hogar. Debemos usar los talentos que se nos han encomendado con habilidad y sabiduría para que podamos presentar la preciosa luz de la verdad de la manera más placentera, de la forma más sabia para ganar almas».12

Cristianos devotos

El Señor Jesús le dio a su pueblo la comisión para ser obedecida inmediatamente. Leemos en Mateo 28:19–20: «Por tanto, id, y enseñad a todas las naciones, bautizándoles en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí, yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén». Nuestro privilegio es el de escuchar y actuar conforme a estas palabras. «No es propósito del Señor que se deje a los ministros hacer la mayor parte de la obra de sembrar las semillas de verdad. Se debe incentivar a hombres que no han sido llamados al ministerio a que trabajen para el Maestro de acuerdo con sus diversas capacidades. Centenares de hombres y mujeres que están ahora ociosos podrían prestar un servicio aceptable. Proclamando la verdad en los hogares de sus amigos y vecinos, podrían hacer una gran obra para el Maestro. Dios no hace acepción de personas. …l empleará a los cristianos humildes y devotos que tienen el amor por la verdad en sus corazones. Dedíquense los tales a servirle trabajando de casa en casa. Sentados al lado del hogar, pueden, si son humildes, discretos y piadosos, hacer más de lo que podría hacer un ministro para satisfacer las necesidades reales de las familias»13. Para todos los que se comprometen en este trabajo importante, el hogar o chimenea se convierte en la plataforma propicia para compartir el evangelio y las lecciones sobre familia, verdad y misión. «La presentación de la verdad con amor y sencillez, de casa en casa, está en armonía con la instrucción que Cristo dio a sus discípulos cuando los envió en su primer viaje misionero. Muchos serán alcanzados por medio de los cantos de alabanza, y por oraciones humildes y fervientes. El Obrero divino estará presente para impartir convicción a los corazones. “Yo estoy con vosotros siempre”, es su promesa. Con la seguridad de la constante presencia de un ayudador tal, podemos trabajar con fe, esperanza y ánimo».14 Entonces, ¿quieres que Dios te use como instrumento humilde para guiar a otros al pie de la cruz?

«Uno de los medios más eficaces por los cuales se puede comunicar la luz, es por el esfuerzo privado y personal. En el círculo de la familia, en los hogares de nuestros vecinos, al lado de los enfermos, muy quedamente podemos leer las Escrituras y decir una palabra en favor de Jesús y la verdad. Así podemos sembrar una semilla preciosa que brotará y dará fruto».15

El llamado de Dios

Así como estudiamos hoy, queda un importante trabajo que hacer “junto a la chimenea”, ya sea en nuestro hogar o en el de alguien más. Como iglesia, necesitamos comprender que el trabajo espiritual no solo es para la iglesia: resulta más efectivo cuando se hace todos los días, en momentos privados. La chimenea, entendiéndola de esta perspectiva, es el lugar principal para cultivar relaciones y plantar semillas de fe y verdad lejos de la rigidez de entornos formales. Querida familia del Movimiento de Reforma, pidamos al Señor que nos abra nuestras mentes y corazones para recibir su mensaje y llevar al hogar el siguiente llamado que …l tiene para ti y para mí ahora que vamos a finalizar este tema:

«El Señor investigará el empleo de los talentos que nos ha confiado. Pagó el precio de su propia sangre, de su abnegación, sacrificio y sufrimientos para obtener el servicio voluntario de toda persona como colaboradora con Dios. Si tan sólo todos sintieran su responsabilidad delante de Dios y utilizaran los talentos que les ha confiado, cuántas ganancias se presentarían ante Dios mediante Cristo. El talento único aumentará con el uso. Los dones considerados más humildes y el servicio de menor significado, pueden alcanzar las mentes e influir en los corazones que están fuera del alcance de aquellos que tienen dones mayores.

Ahora es el momento más favorable para trabajar. Las visitas personales son de gran valor. La verdad, por amor a Cristo y a los seres humanos, debe llevarse a cada familia, debe presentarse en cada hogar al que se tenga acceso... Recordad que el Espíritu Santo es el obrero. El instrumento humano que trabaja para Dios no está solo...

Trabajad con perseverancia, ternura, compasión, amor, y con oración, porque esto logrará más que los sermones. El Señor Jesús, al entregar su vida para salvar al mundo de la maldición del pecado, vislumbraba mayores cosas que las que habéis visto. El Espíritu Santo espera canales mediante los cuales trabajar... Satanás no triunfará siempre. El Espíritu de Dios se derramará sobre la iglesia tan pronto cuando las vasijas estén listas para recibirlo».16

Qué el Señor pueda ricamente bendecirnos a realizar este trabajo junto a la chimenea: nuestro hogar. ¡Amén!

Referencias:
1 The Faith I Live By, p. 255 (en inglés, en negrita por énfasis añadido).
2 Conducción del niño, p. 188.
3 Patriarcas y profetas, p. 127 (en negrita por énfasis añadido).
4 The Review and Herald, April 21, 1891 (en inglés).
5 Testimonios para la iglesia, tomo 6, p. 428.
6 Ibid., p. 429.
7 The Review and Herald, July 10, 1888 (en inglés).
8 El evangelismo, p. 320.
9 Obreros evangélicos, p. 224(en negrita por énfasis añadido).
10 Testimonios para la iglesia, tomo 1, p. 381.
11 Manuscript Releases, tomo. 7, p. 37 (en inglés).
12 The Review and Herald, April 21, 1891 (en inglés).
13 Testimonios para la iglesia, tomo 7 p. 23 (en negrita por énfasis añadido).
14 Servicio cristiano, p. 143.
15 Ibid., p. 149.
16 A fin de conocerle, p. 332.